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La trata de personas implica el uso de la fuerza, fraude o coerción a cambio de trabajo, servicios o un acto sexual comercial.

Causar que alguien menor de 18 años participe en un acto sexual comercial, independientemente del uso de la fuerza, fraude o coerción, es trata de personas según la ley de los EE.UU.  Para controlar y explotar a las víctimas, los tratantes de personas utilizan diversos tipos de fuerza, fraude o coerción. Estos tipos incluyen la imposición de deudas, las oportunidades de empleo fraudulentas, las promesas falsas de amor o de una vida mejor, la coerción psicológica y la violencia o las amenazas de violencia.

Las víctimas de la trata de personas pueden ser de cualquier edad, raza, identidad de género, sexo, etnicidad, nacionalidad, estatus migratorio y clase socioeconómica.

En muchos casos, las víctimas no acuden a buscar ayuda porque son vulnerables, pueden existir posibles barreras del idioma, tienen miedo de las autoridades del orden público o no se identifican como una víctima.

Los traficantes de personas explotan muchas vulnerabilidades para victimizar a las personas.